miércoles, 27 de mayo de 2009

Historia de telas y bananos dominicos...



Les voy a contar lo que me pasó antier y no me lo van a creer. Es una graaan historia!

Resulta que aquel día, fuí con P. a comprar mi fabulosa tela pa hacer mi disfraz de rockabilly pa mi pachanga del sábado.
Total, llegamos a estacionamiento de mi almacén de tela de confianza, dejamos nuestro carruaje en el estacionamiento, y nos dieron el básico ticket ese que hay que sellar al efectuar la compra.

Ya una vez dejado nuestro vehiculo en el estacionamiento, caminamos hacia la tienda. En la entrada de la primera había un gran orangután que nos abrió la puerta para que pudiéramos entrar. Recorrimos todas las secciones en búsqueda de mi adorada tela: pasando por los retazos, el fieltro y la loneta. Total, yo soy super payasa pa las telas y no me decidí por ninguuuuuna.

Pobre P. Caminamos y caminamos por TODAS las tiendas que habían alrededor.

Después de caminar kilómetros, llegamos a una tienda de telas donde escuchaban a todo volúmen música tipo banda.

- Oh, no! Aquí no! - dije yo
- Anda, sirve que aprendes a bailar pasito duranguense - dijo P.
- Ay bueno, ya - le respondí

Entramos a la tienda bailando pasito duranguense por todos los pasillos. De vez en cuando P. me levantaba en el aire para alcanzar a ver desde arriba las telas que habían a lo lejos. Y así fue como encontré mi fabulosa tela.

Brincamos de alegría al salir de esa tienda tras mi fabulosa adquisición, y caminamos de regreso al estacionamiento, ya que probablemente nuestros corceles tendrían hambre. Llegamos con los changuitos, y estábamos ya casi pidiendo nuestro carruaje, cuando P. exclamó:

- Damnit! Oh mon dieu! Sacrebleu! Puxa mãe! Alle Wetter! Perdí el boleto! (en muchos idiomas porque hace poco me enteré que P. es políglota)
- No way, José! ¿Es en serio? - Dije yo
- En serio - me respondió

(chale!)

Pues ya, caminamos de regreso a la primera tienda. Pasaban de las 8pm, asi que ya estaba cerrada. A lo lejos estaba el orangután que nos había abierto la puerta hace un rato, asi que empezamos a llamarlo para que la volviera a abrir.

Nada.

Saqué unos bananos dominicos que traía en la bolsa (ya saben, en mi bolsa traigo de todo) y se los enseñamos para atraerlo. Lentamente se acercó hasta donde estabamos y nos abrió la puerta. Mientras yo le daba los platanitos para distraerlo, P. pudo entrar a la tienda a buscar el boleto perdido... Se me acabó la carnada y el furioso orangután fue a corretear a P.

P. alcanzó a salir de la tienda antes de que el orangután le brincara encima y le arrancara un brazo.

- No estaba ahí! Debemos de buscar en las otras tiendas!
- !"%$&%/&)/(=#""!- dije yo

Caminamos de regreso a las otras tiendas. Para ese entonces, el orangután de la tienda esa había llamado a un escuadrón de policías que nos estaban buscando. Empezamos a escuchar las sirenas de los policías para cuando tocábamos la puerta de la última tienda. Golpeamos con locura la cortina metálica de esa ultima puerta y otro monito nos abrió la puerta

- Rawwrr... bawrr... uuuhhh uhhh uhhh
- Gracias - respondimos nosotros

Nos tiramos al piso a peinar toda la zona (que antes habíamos recorrido bailando pasito duranguense) hasta que de repente, P. exclamó

- ¡¡ Aquí esta!!
- Que alegria - pensé yo - 150 pesos que ahora podremos gastar en cervezas

Al salir de esa tienda, el escuadrón de policías nos esperaba a la vuelta de la esquina. Así que tuvimos que correr para que no nos alcanzaran. Esquivamos las balas, brincamos arriba de los techos de los coches que nos quedaban en el camino de la tienda al estacionamiento. De mi bolsa saque nuestros trajes antibalas y con ellos pudimos llegar sanos y salvos por nuestro coche.

- ¡Aquí está el boleto, traiganos el coche pronto! le gritamos al changuito que atendía el estacionamiento

Rápidamente el changuito corrió en 4 patas hacia nuestro coche, y haciendo rechinar (digo!, relinchar) a nuestros corceles, nos entregó nuestro carruaje en menos de 10 segundos.

Salimos de ese lugar a todo galope y logramos perder de vista al escuadrón de policías.
Era momento de beber una deliciosa y fría cerveza para celebrar nuestro escape.

Tan-tan.

Emmm...
Bueno, como verán... no fué exactamente así... ja!
Pero seguro que les ha gustado más esta versión, que si les hubiera contado la versión original.
Buen día, gente!


1 comentario:

José A. dijo...

no olvides cuando casi nos aplasta un kilometrico y pesado rollo de tela! afortunadamente logramos esquivarlo...creo que en alguna de esas maromas, saltos y demas suertes que hicimos para esquivarlo fue cuando el boleto escapó de nuestras manos....

maldita zona...casi tan terrible como mordor! lo bueno es que a los simios se les controla con bananas!

P.