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jueves, 7 de enero de 2010

Collateral Damage







Ya sé... 
ya están hasta la mismísima madre de los post, mails, etc... de propósitos de año nuevo... 
y recuentos de la década... 
y del año... 
y de la vida en general...
así que no los bombardearé más con eso.
No. No.




(...De hecho no sé ni con que bombardearlos)






Desde hace unas semanas mi inspiración se fue a otro lado y no la encuentro... 
(no sólo por el hecho de que tengo un montón de chamba, y eso está bien bueno) 


Mi cerebro y mi corazón traen diferente sincronía, no se escuchan. 
¡Hacen lo que se les pega su regalada gana! 


(y eso me tiene un poco mal).




Don Cerebro está terco a agarrarse de lo práctico; de lo saludable... 
Funciona como un pequeño corporativo: quiere optimizar tiempos, 
mayor productividad, irse por lo que más provechos va a dejarle, 
y sobre todo, salir adelante sin que ninguna de sus áreas salga perjudicada.


Y la seño Corazón es una terca. 
Quiere una vida de hippie-comeflores; la olgura, y esas cosas cursis-melosas-empalagosas-que-le-gustan-a-las-típica-niñas (porque yo NO soy la típica niña... pero igual le entro a esas cosas de vez en cuando). Esa vida peace & love puede traerle complicaciones.
A todos.

Pero alguién sonó las alarmas.



Don Cerebro encerró en un bunker a Doña Corazón y está entercado en no quitárselo hasta no evaluar que la situación es segura... 


(Tiene miedo de que ella salga lastimada... again)



Ese bunker le impide sentir cualquier cosa.
A ese bunker no entra (ni sale) nada.


Y ahí está atrapada mi inspiración, 
tapada por la protección que le pusieron a la Doña.


No sé hasta cuando la tengan de rehén ahí adentro 
pero prometo buscarle una forma de escape,
cavarle una salidita para que se escabulla y regrese por acá...

(Porque aún no he aprendido a destruir bunkers)