Ya sé...
ya están hasta la mismísima madre de los post, mails, etc... de propósitos de año nuevo...
y recuentos de la década...
y del año...
y de la vida en general...
así que no los bombardearé más con eso.
No. No.
(...De hecho no sé ni con que bombardearlos)
Desde hace unas semanas mi inspiración se fue a otro lado y no la encuentro...
(no sólo por el hecho de que tengo un montón de chamba, y eso está bien bueno)
Mi cerebro y mi corazón traen diferente sincronía, no se escuchan.
¡Hacen lo que se les pega su regalada gana!
(y eso me tiene un poco mal).
Don Cerebro está terco a agarrarse de lo práctico; de lo saludable...
Funciona como un pequeño corporativo: quiere optimizar tiempos,
mayor productividad, irse por lo que más provechos va a dejarle,
y sobre todo, salir adelante sin que ninguna de sus áreas salga perjudicada.
Y la seño Corazón es una terca.
Quiere una vida de hippie-comeflores; la olgura, y esas cosas cursis-melosas-empalagosas-que-le-gustan-a-las-típica-niñas (porque yo NO soy la típica niña... pero igual le entro a esas cosas de vez en cuando). Esa vida peace & love puede traerle complicaciones.
A todos.
Pero alguién sonó las alarmas.
Don Cerebro encerró en un bunker a Doña Corazón y está entercado en no quitárselo hasta no evaluar que la situación es segura...
(Tiene miedo de que ella salga lastimada... again)
Ese bunker le impide sentir cualquier cosa.
A ese bunker no entra (ni sale) nada.
Y ahí está atrapada mi inspiración,
tapada por la protección que le pusieron a la Doña.
No sé hasta cuando la tengan de rehén ahí adentro
pero prometo buscarle una forma de escape,
cavarle una salidita para que se escabulla y regrese por acá...
(Porque aún no he aprendido a destruir bunkers)

